domingo, 18 de diciembre de 2016

EL CONCEPTO DE MÍMESIS Y SU EVOLUCIÓN EN LA LITERATURA.


Como huracán cruza el dolor la umbría
por el vientre diáfano del dolmen.
Ante el cuerpo yacente
retumba un bárbaro aullido
entre las piedras. La voz se ahoga y cae
por el pozo de agua oscura
que suplica al templo
crepúsculos de ascua. Cruza llamas
prende su sonido purpúreo a las agallas.

                                                                                                                                                                  Miguel Veyrat, “Paso del dolmen” 1

      Quizás sea, como postula Miguel Veyrat, el primer aullido de emoción del primer mono – hombre la manifestación poética más antigua en la historia de la literatura. O como dice la poeta alemana Hilde Domin2, la poesía sea “ el modelo racional y emocional de una experiencia” . Muchas son las definiciones que han intentado darse a lo largo de la historia de la literatura y muchas, una gran mayoría, coinciden en un aspecto fundamental: la poesía, entendida ésta en su origen etimológico como cualquier manifestación artística, es el intento emocional del hombre de fundirse con la naturaleza, aprehender su esencia, comprender el mundo que nos circunscribe, buscar respuestas, atrapar lo intangible, traducir la realidad; en definitiva, lo que Platón ( 427- 347 a. C ) vino a denominar “ mimetixé “ ( mímesis).
     El concepto de mímesis vertebró, hasta principios del siglo XX , los estudios de la teoría de la literatura. Será la Poética ( (Περὶ Ποιητικῆς ) de Aristóteles escrita en el siglo IV a. C e introducida en Europa por Averroes en el siglo XII, la que constituya el eje de los estudios literarios hasta casi finales del siglo XIX. Tanto para Platón como para Aristóteles, la mímesis consistía en la imitación del mundo a través del lenguaje y llevaba aparejado el concepto de verosimilitud. La diferencia entre el concepto de mímesis de Platón y de Aristóteles era, que mientras que para Platón la poesía ( literatura ) no posee un valor ontológico, no era un medio válido para conocer el mundo puesto que lo que ofrecía era un falsedad, para Aristóteles sí lo era. Y en tanto que el lenguaje era el instrumento mediante el cual se podía representar ese mundo, la poesía también debía atenerse a un principio de causalidad verosímil. Mímesis y verosimilitud serán los dos pilares de la literatura a lo largo de más de dos mil años.
      Probablemente para el receptor de arte moderno, es difícil entender que estos dos conceptos rigieran “ con mano dura” las artes durante tanto tiempo, pero sólo habría que echar un vistazo a la historia de las artes plásticas, por ejemplo a la pintura, para ver que la reproducción verosímil o realista del mundo era la que dominaba el arte hasta principios del siglo XX, cuando movimientos como el cubismo, el expresionismo o el formalismo rompen con estos preceptos.
     A pesar de todo, ambos conceptos no fueron del todo inamovibles. A largo de los siglos el concepto fue evolucionando y sufriendo diferentes transformaciones. Es muy interesante ver cómo para Plotino ( 204 – 270 a. C ) el concepto de imitación está intrínsecamente relacionado con la búsqueda de la Belleza y el “ creador” imita el mundo sensible con el fin de adecuarlo a la belleza suprasensible, por lo que el artista cumple en este proceso un papel importante. El creador no persigue la mímesis como fin, sino como medio para crear belleza.
Un milenio después, en la Edad Media, el concepto aristotélico y platónico de mímesis sigue plenamente vigente3 y no es hasta finales del siglo XVIII, cuando se percibe una clara intención de romper con los preceptos clásicos. El movimiento denominado “ Sturm und Drang “ ( Alemania 1760 – 1770 ) pondrá el punto de mira en el papel activo del creador. La mímesis, por lo tanto, no dependerá del mundo exterior sino de la capacidad creadora del artista. El verdadero protagonista de la obra artística no es el mundo exterior, sino el artista en sí, dotado para Herder de autoconciencia y espíritu histórico de manera que, a través de ellos, les serán revelados los valores universales y por ende, la poesía. Goethe, su discípulo, va más allá en su planteamiento cuando afirma que “el fin del arte está contenido en sí mismo”, desplazando el eje no ya al creador sino a la obra en sí misma. Para Goethe el arte tiene un carácter representativo o simbólico en contraposición al carácter referencial de la mímesis clásica.
Por tanto, un verso del siglo XX como es “ El Ser / El fuego me envolvió como una lenta lágrima/ y abandoné el sonido para rozar el eco” 4, no podría haber sido explicado teniendo en cuenta el concepto aristotélico de mímesis, unido fuertemente al de verosimilitud, que prevalecía hasta bien entrado el siglo XVIII. Sólo partiendo del carácter representativo o simbólico de la poesía se podía moldear dicho concepto y romper con su carácter referencial. La ruptura definitiva se produce con Emmanuel Kant ( 1724 – 1804 ) y La crítica de la razón pura. Para Kant el conocimiento que el hombre puede tener de la realidad es relativo. La razón pura tiene unos límites y nuestra comprensión del mundo viene determinada por el proceso de abstracción que el hombre realiza, por lo que una misma realidad es diferente para cada persona. Habría tantas realidades como proceso de abstracción se hacen de esa realidad, de lo que se deduce que la mímesis no es posible y que la obra poética ( o artística ) tiene un fin en sí misma. 5
      Con la llegada del romanticismo la relación entre la creación y el creador desplaza a la relación entre creación y realidad y, aunque los datos con los que juega el artista provienen de la realidad, es su poder de expresión y su capacidad, las que lo conducen a crear una determinada obra a partir de un proceso de abstracción y luego transformación dirigido por el propio poeta. Que el romanticismo sitúe el enfoque en esta nueva relación supondrá una revolución dentro de la historia de la literatura. La relación creador – obra adquiere casi un carácter místico y supone una nueva vía de experimentación e indagación que dará frutos como el esteticismo, el simbolismo, el formalismo o las vanguardias del siglo XX. No se entendería por ejemplo, la obra de Kandinski sin entender el valor de este eje, sin entender que a principios de siglo movimientos como la abstracción o el formalismo, huyen y rechazan abiertamente el concepto clásico de mímesis, hasta el punto de hacer que desaparezca de la obra la huella del propio creador o cualquier rasgo referencial del objeto. Se reivindica la forma pura, que en el caso de la pintura será el color y en el caso de la literatura, el sonido, el fonema, el elemento primigenio y configurador del lenguaje. Se llega incluso a los extremos del automatismo o del dadaísmo en el lenguaje. La teoría literaria abandona el concepto de mímesis para centrarse en el de “literariedad”. Es decir, ¿ qué es lo que confiere el carácter literario de una obra ? Así para Erlich, por ejemplo, es el ritmo, la disposición de los sonidos, el factor constitutivo de la poesía6. Para Propp, lo que confiere el carácter de literariedad a la prosa es el siuzhet, es decir, la manera en la que está dispuesto el material literario ( Morfología del cuento, 1928 ). El estudio no ya de la forma en sí, sino de la disposición de ésta, es el que abre el camino que conducirá a Saussure, al Círculo Lingüístico de Praga, al estructuralismo o al New Criticism americano. El concepto de estructura, como relación orgánica entre los miembros de un todo, no podía sino desembocar en el concepto de armonía postulado ya desde la época clásica por Pitágoras7. Además, presuponer el carácter biplánico y arbitrario del signo lingüístico condujo pronto a la introducción de la semiología y por tanto de la semántica del signo, lo que devolvió a la creación su carácter referencial. El signo, en tanto que posee una forma ( significante ) y un significado, en tanto que tiene una clara intención o una determinada función que se gesta en la conciencia del hablante o del creador, no puede escapar a la realidad por muy arbitraria o convencional que sea dicha relación. Llegados a este punto podemos hacernos efectivamente la misma pregunta que el profesor Asensi se hace en su Historia de la teoría de la literatura: “ ¿ No era éste el tipo de psicologismo del que habían logrado desembarazarse los formalistas? “8 Todas y cada una de las escuelas que abordan el problema del signo literario desde un punto de vista estructural se hallarán con el problema de no saber dónde situar la semántica del signo sin acercarse al concepto de mímesis clásico. Así, por ejemplo la Escuela de Praga habla de una semántica interna y una semántica externa, el New Criticism se enfrenta a la obra desde múltiples perspectivas, la de la obra en sí en cuanto a su contenido, la del receptor, la del autor y propone un acercamiento a la Poética de Aristóteles para dar una definición global de literatura que incluya todas las partes. También la glosemática de Hjiemslev o el generativismo de Chomsky intentarán consensuar los logros estructuralistas con el psicologismo clásico. La glosemática defenderá que entre el plano de la expresión y el plano del contenido, o lo que es lo mismo, entre la forma y la sustancia, existe una relación de interdependencia en la que ambas se presuponen. Por su parte, Chomsky se centra más en el proceso psicológico de creatividad y defiende la existencia de una estructura profunda en la que subyacen unas categoría universales y una estructura superficial a la que se llega a través de unas operaciones mentales.
      En definitiva, el concepto de mímesis atraviesa toda la historia de la teoría de la literatura. Si bien a lo largo del siglo XX el texto literario va a ser analizado desde diferentes enfoques que enriquecerán la crítica literaria, también cabe decir que, una vez aceptado que el lenguaje es un sistema de signos que sirve para comunicarnos y que en esa comunicación intervienen diferentes elementos, como el emisor, el receptor, el contexto o la situación comunicativa, es imposible desligar la creación literaria de la realidad que la circunscribe, sea cual sea su intención final. Además es imposible abordar el estudio semiótico o semiológico de una obra sin tener en cuenta las coordenadas espacio - temporales en los que la obra fue creada. Decodificar el texto literario significa desentrañar todo un sistema político, histórico y social, el marco estético en que una determinada obra fue concebida, ya sea desde el punto de vista formal o conceptual. Llegados a este punto podemos afirmar que si bien es cierto que el concepto de mímesis es fundamental en la teoría de la literatura, también es cierto que éste ha ido adaptándose a la nueva mentalidad que cada tiempo requería. Si en la época clásica la mímesis era considerada el fin al que el creador debía aspirar, en el siglo XX la mímesis es un elemento integrador más de un sistema encaminado a la creación artística con un fin estético.
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1. VEYRAT, Miguel ( 2012 ) : Poniente. Bartleby Editores. Madrid
2. DOMIN , Hilde: Ich will dich. Begegnungen mit Hilde Domin. Punktfilm Anna Ditges Köln 2009.
3. “ Conrado de Hirschau ofrece esta otra definición: la poesía es una forma de inventiva en la que no se halla ninguna verdad, y en la que el poeta es un fingidor y habla siempre en clave de falsedad ( pro veris falsa ) ” . ASENSI Pérez, M. ( 1998 ) Historia de la teoría de la literatura. Vol. I. Ed. Tirant lo Blanc. Valencia. Pág. 215.
4SILES, Jaime ( 1992 ) « Identidad », Parménides, Poesía 1969-1999. Visor. Madrid.
5“ El mayor grado de ruptura con la tradición clasicista o alcanza Kant cuando define lo bello y el juicio del gusto. Sabemos que para esta tradición ( se refiere a la aristotélica ), la poesía sirve a un fin moral determinado. Veamos cómo la teoría kantiana se opone a ello: Kant plantea que si un objeto artístico es bello lo es por sí mismo y en sí mismo y no porque preste algún tipo de servicio a otra causa que no sea él mismo “. ASENSI Pérez, M. ( 1998 ) Historia de la teoría de la literatura. .Vol. I. Ed. Tirant lo Blanc. Valencia. pág. 329
6 “ El ritmo como factor constructivo del verso “. ERLICH, Víctor ( 1955 ) Russian Formalism, History – Doctrine, París – La Haya, Mouton. Trad. Esp., El formalismo ruso, Historia y Doctrina, Barcelona Seix – Barral . 1974. págs. 303 – 327.
7“ La armonía expresa la relación de las partes al todo. En ella se halla implícito el concepto matemático de proporción, que el pensamiento griego se presenta en forma geométrica e intuitiva. La armonía del mundo es un concepto complejo en el cual se hallan comprendidos lo mismo la representación de la bella concordancia entre los sonidos en el sentido musical que la del rigor de los números, la regularidad numérica y la articulación tectónica. Es incalculable la influencia de la idea de armonía en todos los aspectos de la vida griega de los tiempos posteriores” . JAEGER, Werner ( 1933 ) Paideia. Die Formung des griechischen Menschen . Trad. Esp., Fondo de Cultura Económica S.A. México. 1994. Pág.

8ASENSI Manuel ( 2003 ). Historia de la teoría de la literatura, . Vol. II. Ed. Tirant lo Blanc. Valencia. Pág. 126.

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